Cuando por casualidad pasas por delante del restaurante y has visto que tiene movimiento en las redes sociales y tiene una decoración liviana pero que en el fondo te atrae o te atrapa, pero no te atreves a dar el paso para entrar y descubrir su cocina. En esa situación es en la que yo me ví anoche, pero por suerte para mi dí ese paso y la verdad estuve muy gusto. Entramos en la Calma Gastrobar. Mi acompañante dice que donde yo vaya ella me sigue por tanto a por todas.
Decidimos sentarnos en una mesa escondida si se le puede llamar así, ya que tiene un espacio al principio con mesas altas y seguidamente cuando pasas la barra tiene una serie de mesas bajas, unas 12 mas o menos, pues justo al lado de la barra junto a unas de sus columnas fraguadas como antiguamente, o mejor dicho el pilar tal y como se hizo, justo ahí decidimos sentarnos. Aunque parezca mentira y estés rodeado de varias mesas y casi que puedes darle con el codo al comensal de al lado, la velada fue muy íntima ya que cuando te sientas y te da la sensación de estas separado del resto y te sientes como un pequeño reservado.
Después de mirar un par de veces la carta y revisar detenidamente todo lo que albergaba su cocina, y lo recalco por que la carta esta muy bien, pero cuesta un poco de trabajo de leer, ya que esta todo escrito junto y apelmazado pero detenidamente te enteras de lo que ahí se cuece; y de una breve explicación del maître de las sugerencias fuera de carta, decidimos lanzarnos a probar. De primero y creo que fue un gran acierto una Ensalada Cesar con versión del propio restaurante: huevo poché, lascas de Parmesano, una selección de brotes verdes, laminas de pan y un crujiente bacon muy agradable, de 7 sobre 10.
Seguimos con un falso maki de queso de cabra relleno de foie con un chutney de tomate que para mi gusto estaba un poco picante pero puedo entender que para gustos los colores, con unas flores comestibles y unos brotes que para mi sobraban ya que daban demasiado olor y sabor al foie. (Estamos hablando de sabores potentes tanto en nariz como en boca), pero aún así creo que desentonaba. He de decir que probando un poco sin brotes el sabor en su conjunto estaba bien ensamblado.
Cerramos la cena con un salado que para ser de noche no suelo pedirlo mucho pero el que arriesga no gana, y esta vez acertaron tanto con la masa frita como con el interior. Un rulo de pasta brick relleno de langostino con unas hojas de menta y regado con una salsa agridulce y semillas de amapola. Estaba bien frito y el sabor de la menta era pasajero pero se notaba. Nada más que añadir.
El final y de los buenos, de los que hacen que la experiencia sea para repetir y seguir probando la carta en próximas ocasiones, una tarta de queso que lo vuelo a decir para que el que no lo sepa pero soy un apasionado de ellas en todas sus versiones. Esta vez y tal como me dijo el maître una de-construcción de tarta de queso, bien presentada y con un sutil toque dulce que hacía de la mezcla algo muy rico, suave y con notas ácidas agradables de sus frutos rojos.
Del maridaje esta vez no hablo, porque fue algo al uso ya que en la carta de vinos no había nada que me sorprendiera, por tanto nos decantamos por una cerveza eso sí la especial de Vol Dam y un refresco. Nada fuera de lo normal.
PD: Para volver a repetir pero esta vez, iremos a almorzar para degustar más su cocina.